::: llorar :::
Me levantaron de una patada gritando –Sale mierda!- Tengo frío, hambre, cojeo por la pelea nocturna. Me arrimo al carro de sopaipillas a ver si algo cae que engañe mis tripas; logro engullir de un mordisco un trozo olvidado por quién, al vuelo, toma la micro. Entonces escucho al Tuerto vociferando desde la esquina, corro como puedo, y ahí está ella, tirada, sangrando, las tripas afuera. Yo la quería, pienso, intentando reanimarla en vano. La rodeamos entre todos largo rato. Luego articulamos aullidos de dolor, sí aullidos, porque nosotros los perros de la calle no sabemos llorar.
::: la mano ortopédica :::

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